Don Espino se jubiló del desierto el día que entendió que la fotosíntesis no le iba a comprar un seguro médico. Harto de ser un "milagro de la naturaleza", se arrancó de la arena, le robó el chaleco tejido a un turista que se quedó dormido bajo el sol y se mudó a la ciudad para ser un humano más, aunque eso implicara trabajar ocho horas en un cubículo.

Ahora vive entregado a un ritual de oficina que le fascina. Se despierta a las 6:00 a.m. solo para odiar la alarma y se mete dosis industriales de café que lo mantienen vibrando como una licuadora defectuosa. Sus compañeros lo consideran un genio del minimalismo, aunque en realidad están convencidos de que tiene el caso de piel seca más agresivo de la historia de la dermatología. El otro día, su jefa de Recursos Humanos le dejó una crema hidratante en el escritorio "por preocupación", y él se la bebió de un trago pensando que era un shot de colágeno urbano.

Ayer alcanzó su clímax existencial cuando se quedó atrapado en el metro. Mientras todos sudaban y se quejaban, él se ajustó el chaleco, dio un sorbo a su tacita de café y suspiró con satisfacción. Por fin había logrado el sueño humano: estar profundamente estresado, atrapado en un túnel y pagando por internet para ver fotos de otros cactus que, a diferencia de él, no tenían que entregar un reporte de Excel antes de las cinco.

incluye su historia!

No incluye chaleco, puedes sumarlo desde el apartado de mini ropa y accesorios.

Hechas a mano para inspirar y acompañar. Son piezas decorativas, no recomendadas para niños

 

Don Espino (sin chaleco)

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Don Espino se jubiló del desierto el día que entendió que la fotosíntesis no le iba a comprar un seguro médico. Harto de ser un "milagro de la naturaleza", se arrancó de la arena, le robó el chaleco tejido a un turista que se quedó dormido bajo el sol y se mudó a la ciudad para ser un humano más, aunque eso implicara trabajar ocho horas en un cubículo.

Ahora vive entregado a un ritual de oficina que le fascina. Se despierta a las 6:00 a.m. solo para odiar la alarma y se mete dosis industriales de café que lo mantienen vibrando como una licuadora defectuosa. Sus compañeros lo consideran un genio del minimalismo, aunque en realidad están convencidos de que tiene el caso de piel seca más agresivo de la historia de la dermatología. El otro día, su jefa de Recursos Humanos le dejó una crema hidratante en el escritorio "por preocupación", y él se la bebió de un trago pensando que era un shot de colágeno urbano.

Ayer alcanzó su clímax existencial cuando se quedó atrapado en el metro. Mientras todos sudaban y se quejaban, él se ajustó el chaleco, dio un sorbo a su tacita de café y suspiró con satisfacción. Por fin había logrado el sueño humano: estar profundamente estresado, atrapado en un túnel y pagando por internet para ver fotos de otros cactus que, a diferencia de él, no tenían que entregar un reporte de Excel antes de las cinco.

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No incluye chaleco, puedes sumarlo desde el apartado de mini ropa y accesorios.

Hechas a mano para inspirar y acompañar. Son piezas decorativas, no recomendadas para niños